Crónicas paraguayas
En la Feria del Libro Chacú Guaraní 2026
Luis A. Fleitas Coya
I. Sara… y las huellas del héroe
“Larga vida a los libros”, me escribe nuestra gran historiadora Ana Ribeiro por correo electrónico y le tomo la frase. Larga vida a los libros, que por supuesto sobrevivirán toda la explosión tecnológica y virtual y a la fraudulenta Inteligencia Artificial mediante la cual cada vez más gente pretende “escribir». Los libros auténticos, los verdaderos libros escritos por el hombre, unen, integran los pueblos, nos hacen mejores.
Asistí invitado a la Feria del Libro Chacú Guaraní que se celebró en Asunción en la Biblioteca y Archivo del Congreso, del 5 al 15 de marzo de 2026, para presentar mi novela Sara vencida y lúcida. En los días previos, preparando el viaje y la charla, consulté El caudillo y el dictador, de Ana Ribeiro, donde encontré un dato extraordinario, por lo menos inadvertido para mí hasta entonces. Sabía que el hijo de Artigas, José María, lo había ido a visitar a su chacra de Ibiray (hoy en los suburbios de Asunción), en sus últimos años, en 1846, pero de ese encuentro lo que conocía era lo que se ha divulgado generalmente por cronistas e historiadores, la negativa rotunda de Artigas a regresar a nuestra tierra ante la propuesta de su hijo. En las páginas del libro de Ana Ribeiro tropecé con algo inesperado, una nota número 151 que indicaba que había quedado un testimonio de José María Artigas de ese encuentro. La nota remitía a un artículo publicado en El Constitucional el 1º de julio de 1846, reproducido en el Boletín de la Academia Nacional de Letras de nuestro país, Tercera época, Nº 8. Afortunadamente ese Boletín está publicado on line, y pude consultarlo de inmediato. El artículo es de Isidoro de María y se titula «Emigración del General Artigas al Paraguay. Su vida y situación». Le agradeceré siempre a la investigación de Ana Ribeiro y a su libro, haberme hecho conocer el testimonio. Sin dudas se trata de una transcripción sintética de las declaraciones al cronista –Isidoro de María-, por parte de José María Artigas, sobre lo que le contara su padre, pero prácticamente podemos leer en ellas las palabras del propio Artigas sobre los motivos de su exilio en Paraguay, sus últimos días antes de cruzar el Paraná, y luego una síntesis de sus treinta años en tierras guaraníes. Casi que escuchamos hablar al caudillo, vibrante, entero, auténtico; una voz que nos viene prácticamente intacta del pasado. Muchos de los datos que surgen de allí se han difundido, son conocidos, pero no el que fueran palabras del propio héroe. De Artigas son conocidos sus documentos oficiales, sus cartas, pero casi ningún documento recoge sus palabras sobre su vida personal y menos sobre su exilio, como sí lo hace éste, aún indirectamente. Conmovedor por donde se mire.
En nuestro país hemos vivido con una ceguera histórica respecto a los treinta años de Artigas en el Paraguay. ¿Ha sido por ignorancia y desconocimiento, por pudor a no indagar en la intimidad del prócer en desgracia, por una suerte de veleidosa superioridad despectiva ante la vida en tierras pobres y casi indígenas, o por ocultamiento intencional de ciertos historiadores patrios de datos que por lo menos se vislumbraban? El velo recién ha comenzado levantarse en las últimas décadas fundamentalmente gracias a la formidable tarea realizada por historiadores e investigadores como Ana Ribeiro en El caudillo y el dictador, y por el periodista e investigador Nelson Caula en sus tres tomos sobre Artigas Ñemoñaré, y en Las nueve mujeres de Artigas.
Mi ida a Paraguay estuvo muy contaminada por todos esos aspectos y superó todas mis expectativas.
II. En la Escuela Artigas, Solar de Artigas, Ybiray, Asunción
Hace poco más de doscientos años, el 5 de setiembre de 1820, nuestro héroe, jefe y caudillo, derrotado y perseguido por las huestes del caudillo entrerriano Francisco Ramírez, con muy poquitos hombres marchó hacia el norte, cruzó el río Paraná y se internó en el Paraguay, donde vivió tres décadas sin querer regresar nunca más a nuestra patria. La Banda Oriental, pese a haber logrado finalmente la independencia, había devenido en un estado unitario a espaldas del federalismo –o más precisamente de la confederación-el gran proyecto político de Artigas. De los treinta años en Paraguay transcurridos hasta su muerte, Artigas fue confinado durante los veinte primeros por el Supremo Dictador Gaspar Rodríguez de Francia en la lejana y feraz Curuguaty donde se dedicó a labrar la tierra y a auxiliar a campesinos e indígenas menesterosos con el fruto de su cosecha y repartiendo el estipendio que recibía del gobierno, ganándose entre el pueblo el título de Padre de los Pobres que recoge la historia. Recién a la muerte de Rodríguez de Francia, pasó a residir sus últimos cinco años en Ybiray (hoy, barrio Santísima Trinidad en los suburbios de Asunción), en un solar contiguo a la quinta del presidente Carlos Antonio López, sucesor del Supremo Dictador. Allí murió, en 1850.
Más allá de lo discutible de si su confinamiento en Curuguaty fue una reclusión o un asilo, no menos cierta es su voluntad férrea de permanecer durante las tres décadas y morir en Paraguay, tierra que en definitiva lo acogió y donde salvó su vida de la persecución del traidor Pancho Ramírez, y de porteños y portugueses, luego de fragorosos años de guerra, y donde tuvo hijos como ha investigado nuestro periodista y escritor Nelson Caula en el Artigas Ñemoñaré, el Artigas del exilio. Sin embargo, cargamos con la trágica e inexcusable infamia de haber formado parte de la Triple Alianza junto con Brasil y Argentina, en una guerra fratricida entre hermanos americanos que devastó a Paraguay. En 1885 Uruguay devolvió a Paraguay los trofeos de esa guerra, y en 1903 en gratitud y con generosidad Paraguay le donó a Uruguay el solar de Artigas ubicado en Ybiray, donde en 1924 el gobierno uruguayo fundó una escuela, la Escuela Artigas, que desde entonces funciona con maestras y programa escolar uruguayos, túnica blanca y moña azul como uniforme. Y allá está, ya centenaria, erigida en el mejor homenaje posible a nuestro héroe.
Era indispensable, casi una obligación, conocerla, ir a ella como en una peregrinación laica. Antes de partir envié un correo electrónico a la directora solicitando autorización para la visita. Casi inmediatamente recibí su amable respuesta, y el viernes 6 de marzo a las 9 de la mañana, allí estábamos con Ely, a unos diez quilómetros del centro de Asunción, en un paraje de tierra colorada y vegetación exuberante, a las puertas de la antigua quinta de Ybiray, frente a un portal de rejas en el mismísimo Solar y Escuela. Nos estaba esperando para recibirnos allí mismo, en el jardín de la escuela tras el portal de rejas, Cecilia Bonessi, la directora, una uruguaya, salteña, de excelente trato y mejor disposición, y un grupo de alumnos de sexto año que oficiaron de guías por toda la escuela, casi toda ella un museo, con el famoso Ybirapitá incluido, con sumo afecto y mucha información. La emoción fue tremenda para nosotros, hijos de la escuela pública uruguaya, conducidos por gurises de túnica blanca y moña azul hablándonos de su escuela y de Artigas mientras pisábamos la tierra que habitó y holló el Protector de los Pueblos Libres; una combinación para ablandar a cualquiera. Recorrimos instalaciones, aulas, salón de actos, museo, vimos y saludamos a las entrañables maestras uruguayas realizando su tarea, observamos obsequios, placas recordatorias, objetos conmemorativos, dibujos, pinturas, algún antiguo mobiliario que aún se conserva, y un libro donde estampamos nuestra firma y un mensaje recordatorio de nuestra visita.
Nos llevamos el mejor de los recuerdos y el agradecimiento para siempre a los tan ilustrados Benicio Aguirre, Ana Leguizamón, Alegría Ocampos, Emma Sanabria, Ana Paula Spina, Samira Cañete, Carlos Meza, Dora Talavera, Aylen Lezcano, María Paz Arazatí, que nos guiaron, y a la directora Cecilia Bonessi que nos recibió y nos acompañó de la mejor forma, haciendo honor a su visible condición de educadora de alma. Y por supuesto, a todos los niños y maestras de la Escuela Artigas, prestigiosa embajadora de la educación patria, tributo vivo al Jefe de los Orientales en su mejor faceta, la de las ideas, entre las cuales estaba su preocupación por la educación.
Pero ignorábamos que solo sería el principio.




III. La Feria del Libro Chacú Guaraní
Instalada en el edificio de la Bibilioteca y Archivo del Congreso en Asunción, la Feria del Libro Chacú Guaraní ya va por su edición número 26. Al arribar allí, una romería de gente deambulaba por stands y anaqueles de editoriales y librerías, y lugares de charlas y presentaciones de libros que se sucedían unas tras otras de manera sucesiva y sin parar. Y donde uno se podía encontrar con libreros, editores, traductores, diseñadores, ilustradores, diagramadores, y personas de la intelectualidad y del arte paraguayo, así como con escritores locales, argentinos, uruguayos, brasileños, chilenos, bolivianos, colombianos y de otros países latinoamericanos. Gran entusiasmo, buena organización, y la mejor de las recepciones y el apoyo brindado a un escritor extranjero como yo por parte del pujante Presidente de la Feria, Rubén Bisceglia, y la Responsable de la Feria, Oriana Olivares, que merecen todo mi reconocimiento.
En total fuimos tres los escritores uruguayos que concurrimos invitados a participar en la Feria del Libro Chacú Guaraní 2026. El viernes 6 presentó su Antología inventada Rafael Courtoisie, haciendo uso de la palabra el embajador de Uruguay en Paraguay, Marcelo Blanco, y luego Augusto Ferreira, Director de la Biblioteca del Congreso y también escritor paraguayo, con preguntas que permitieron que el poeta hiciera un lúcido y amplio cameo de la literatura uruguaya, de aspectos del arte de escribir y crear, y del exilio y el insilio cultural durante la dictadura, con brillantez y solvencia, aunque lamentablemente para el público con escasa referencia a su propia poesía.
El mismo viernes, más tarde, la presentación de Nelson Caula fue un bombazo emotivo. Presentó la edición paraguaya de su libro Las nueve mujeres de Artigas (Editorial De la paz, 2025), con palabras iniciales del embajador uruguayo Marcelo Blanco, y palabras y preguntas de Francisco “Tete” Romero, narrador, ensayista, y Profesor en Letras argentino, que Nelson contestó con su particular sapiencia y erudición en el tema del Artigas del exilio, que motivaron la fervorosa participación de varios paraguayos y uruguayos presentes, como la del peculiar investigador por cuenta propia Roberto Schiappapietra. Estaban presentes además las tres últimas generaciones descendientes paraguayos de Artigas y de Clara Gómez -con la cual tuvo a Juan Simeón-, portando la bandera de la Liga Federal. Fue tremendo el clima y la emoción de estar allí en aquella sala.
Mi presentación de Sara vencida y lúcida, realizada al día siguiente, sábado 7 de marzo, no pudo ser ajena a todo lo vivido en la presentación del libro de Caula. También volvió a estar presente uno de los descendientes de Artigas, Edgar Degen, y me encontré con la sorpresa de un ferviente artiguismo de paraguayos y uruguayos residentes en Paraguay, escritores y no escritores, al punto que uno de ellos, el ya mencionado Roberto Schiappapietra, me contó que había investigado que en el centro de Asunción queda en pie la única pared del Convento de la Merced donde Artigas permaneció recluido pocos días después de comenzar el exilio, lugar que me indicó con precisión. Tuve el honor de ser presentado por el Consejero de la embajada uruguaya, Martín Lorietto, un excelente diplomático de profesión y carrera, incansable en su labor en pro de la cultura desde la diplomacia cultural. Por supuesto hice mención a muchas cosas que ya he referido en estas crónicas como el exilio artiguista, las tres décadas en Paraguay, el significado del federalismo integrador de pueblos, y el mismo sentido que a mi juicio tiene la literatura, que une a personas y naciones. Recién después pude adentrarme en los aspectos de mi novela, sus temas y su personaje central Sara, su contemporaneidad y su estructura. En mi charla, muchos de los asistentes participaron, opinaron, preguntaron, y luego hasta compraron ejemplares de mi libro que la editorial Fundación de Cultura Universitaria había tenido el buen tino y el acierto de enviar. Asombroso: yo era un escritor prácticamente desconocido para ellos, y además mi novela no guardaba relación con el artiguismo. Solo puedo atribuir el interés por mi libro al clima de confraternidad cultural en el marco de la Feria, así como aventurar la suposición de una avidez de los paraguayos por la literatura uruguaya actual que según me expresaron desconocen casi totalmente (como del mismo modo nosotros desconocemos la suya). Pero así fue. Durante largo tiempo después de finalizada la presentación me quedé firmando ejemplares y conversando con muchas de las personas asistentes, intrigadas por las complejidades de mi personaje Sara, y la acuciante actualidad de los temas de la novela. Un recuerdo y mención especial por su interés y calidez a Maricruz Méndez Vall, escritora, a Erika Haluska, psicóloga y escritora, a Roberto Schiappapietra, el peculiar y sagaz investigador free lance uruguayo radicado en Asunción, a Edgar Degen ya mencionado descendiente de nuestro José Artigas, al señor Martínez, uruguayo radicado en Paraguay y su cálida esposa abogada paraguaya.
Otra jornada sorprendente, emotiva, inolvidable.










IV. En la Casa Bicentenario de la Literatura Augusto Roa Bastos
Lunes 9 de marzo. Impresiona: en el centro mismo de Asunción, frente a la plaza Uruguaya, está la Casa de la Literatura que lleva por nombre nada menos que el del gran y admirado escritor Augusto Roa Bastos, autor de la consagrada Yo el Supremo.
Propiciada por la embajada uruguaya en Asunción con la participación de Julio Filippini, Ministro del Servicio Exterior y Martín Lorietto, Consejero de la embajada, fui recibido junto a Nelson Caula en esa Casa Bicentenario de la Literatura Augusto Roa Bastos, para un encuentro con autoridades y escritores de la cultura y literatura paraguaya como Aníbal Saucedo Rodas, director general del Centro Cultural de la República El Cabildo, Maricruz Méndez Vall, asesora cultural responsable de la Biblioteca Pública Paraguaya Contemporánea, Guido Rodríguez Alcalá autor de la novela Narciso llevada al cine en película premiada recientemente en el Festival de Berlín, y Marcos Ybáñez, presidente de la Sociedad de Escritores de Paraguay. Un cálido y cordial encuentro con información sobre las principales actividades del Centro Cultural y la Biblioteca Pública, intercambio de opiniones, y propuestas de llevar a cabo actividades y proyectos en común. No faltó el tema de Artigas, de documentos existentes en archivos paraguayos sobre el mismo, y de la enorme impronta que tuvo en su época y en el período de su vida en Paraguay, vínculo inescindible que nos une. Tampoco un tema no menor en Paraguay como es de su apasionante bilingüismo, la coexistencia de la cultura guaraní y su afortunada sobrevivencia en las ediciones de libros en el idioma de los habitantes originarios de estas tierras, o en ambos idiomas, guaraní y español. Y por supuesto, culminando tan excelente reunión, un chisporroteante y fructífero ida y vuelta sobre nuestras respectivas obras, en el que los colegas paraguayos no se libraron de que les hablara de mi Sara vencida y lúcida, y que ellos a su vez lo hicieran con obras suyas, como generosamente Guido Rodríguez Alcalá que me obsequió y dedicó un ejemplar de su Narciso, Maricruz Méndez Vall que hizo lo propio con Memorias y desmemorias de exilio y su antología poética Entre dunas, y Marcos Ybáñez, con Los hijos de Colón.
Al salir al calor y a la humedad del clima paraguayo, a la calle México frente a la Plaza Uruguaya, y doblar por Mariscal Estigarribia hacia el hotel, caminando por la ciudad de edificación baja que se va recostando morosamente sobre el río, sentí la sensación de irrealidad: ¿había sido cierto el encuentro, era posible tanta afinidad, fraternidad, intercambio de libros, generosidad, sentido hospitalario? ¿Era posible recibir tanto?



V. Últimos agradecimientos
Agrego a estas crónicas tan llenas de agradecimientos y reconocimientos, otros dos.
Al entrañable Guillermo Pellegrino, escritor, editor, investigador, figura de nuestra cultura, por el papel primordial que tuvo para que yo fuera invitado a participar en la Feria del Libro Chacú Guaraní.
A la embajada uruguaya en Asunción. Comprometida con la diplomacia cultural, esta legación ejemplar, encabezada por el Embajador Marcelo Blanco, el Ministro Julio Filippini, y la acción sin desmayos del lúcido y tenaz Consejero Martín Lorietto, no solo apoyó la presencia de los escritores uruguayos en la Feria, sino que la promocionó y difundió, costeó pasajes, y brindó toda la asistencia necesaria. Así como por lo general el apoyo a la cultura suele ser escaso, esta vez ocurrió todo lo contrario, en una actuación extraordinaria por parte de los referidos diplomáticos y del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo en pro de la cultura, de la literatura y de los libros.
Para un escritor, uruguayo, no es posible ambicionar otra fortuna ni reclamar más honor.
VI. De regreso
En la hora y cincuenta minutos que dura el viaje el avión abandona la tierra guaraní, cruza el Paraná, atraviesa selvas, sobrevuela el litoral argentino, llega a territorio uruguayo.
Vuelvo con las valijas llenas de libros, el corazón lleno de afectos, y comprometido a continuar contactos y proyectos en común. ¿Qué es lo que hace que uno sea lo que es y sienta lo que siente, aún de forma inexplicable? Tal vez haya ideas desdeñadas por añejas y devaluadas por centralismos infatuados y chauvinistas, que pese a todo aún reverberan pertinazmente en la conciencia y en la memoria individual y colectiva, como el viejo ideal artiguista de federalismo de las provincias del cono sur, no otra cosa que un deseo y sentimiento de pertenencia y hermandad.
Sabrás disculpar, lector, lectora, tantas formas interrogativas, citas y libros, ¿pero para qué sirve estudiar, leer, si no es para volver de un viaje mejor de lo que éramos, y además, contarlo?